El perdón es uno de los actos más valorados en nuestra cultura, que parece ser un acto de bondad hacia los demás. Al pedir perdón exigimos a los demás que nos alivien una carga; al perdonar hacemos un acto de gracia para quien nos dañó, librándolo de la culpa.

Pensar así hace que dependamos de la otra persona para que el perdón sea efectivo. ¿Quizás podamos interpretar al acto del perdón como algo mucho más íntimo y personal?

¿Me perdonás?

El perdón indica que se asume la responsabilidad de algún acto, y lo expresamos de 3 maneras distintas: 

  • "Te pido perdón", en donde somos el victimario, cometimos algún acto del cual nos arrepentimos.
  • "Te perdono", en donde somos la víctima, y ofrecemos nuestro perdón.
  • "Me perdono", en donde somos víctima y victimario a la vez.

¿Qué pasaría si analizáramos detenidamente estas expresiones, estas formas de pensar? Quizás descubramos que el perdón siempre es un acto íntimo y personal, y que nos beneficia exclusivamente a nosotros mismos.

"Te pido perdón" (soy victimario)

Pedimos perdón cuando no cumplimos con alguna promesa, o cuando nuestras acciones hacen daño a alguien. Solemos pedir perdón, o al menos así lo interpretamos mentalmente. Le pedimos a la persona afectada que nos conceda su perdón.

Dos análisis interesantes surgen de acá. Primero, que al hacer un pedido parecería ser que aceptamos tanto un "si" como un "no" (cuando esto no suele ser cierto). Segundo, y más interesante, es que perdemos responsabilidad por nuestra acción y creamos una dependencia con la otra persona.

El pedido de perdón suele ser expresado como tal, pero razonado internamente como una exigencia. De hecho, ¿qué pasa si la otra persona nos dice "no, no te perdono"? Es probable que nos enojemos o pongamos tristes. La respuesta a nuestro pedido de perdón no nos resulta indiferente: en realidad aceptamos sólo un "si, te perdono" a nuestro pedido. Si bien pedimos perdón, mentalmente lo pensamos como una exigencia.

Por otro lado, del momento que hacemos el pedido de perdón aparece una dependencia: la respuesta de la otra persona. ¿Por qué debemos poner la expectativa de nuestra acción en la otra persona? 

Sería mucho más interesante si dejáramos de pedir perdón y empezaramos a expresar el perdón. Hagamos un esfuerzo mental y transformemos: 

"Te pido perdón"  >>>   "Perdón"

No pidamos perdón, simplemente expresemos el perdón. Noten la diferencia: ya no esperamos la respuesta, y así el perdón se transforma en un acto liberador personal. Al expresar "Perdón" cerramos un proceso que nos hacía daño, remordimiento y culpa, y empezamos a ver un mundo diferente. El perdón no nos exime de la responsabilidad de nuestros actos: somos igualmente responsables de reparar el daño que nuestras acciones produjeron. Al decir "Perdón" estamos expresando nuestra nueva visión del mundo, en donde detenemos un proceso que nos dañaba y que, seguramente, nos impedía remediar la situación.

No pidamos perdón; simplemente digamos "Perdón" y comencemos a avanzar.

"Te perdono" (soy víctima)

La frase "Te perdono" suele ser la respuesta (tanto verbal como mental) a un pedido de perdón. Alguien nos hizo algún daño, nos pide perdón, le entregamos el perdón.  Y así vamos por la vida entregando o denegando el perdón a quienes nos lo piden, como si realmente tuvieramos algún don para conceder el perdón.

Cuando alguien nos hace daño tenemos derecho a estar resentidos o enojados, más aún si la persona en cuestión no parece hacerse cargo de las consecuencias de sus actos. Y así nos quedamos, esperando resentidos que la persona se de cuenta de lo dañiño de sus acciones y nos pida perdón (que se transforma en un reconocimiento verbal de las consecuencias). El problema es que, mientras esperamos el pedido de perdón, el ego y el resentimiento nos hace esclavos: coartan nuestra felicidad y libertad.

¿Qué pasaría si cortáramos esa dependencia y perdonamos sin más? Tenemos la capacidad de perdonar sin que nos pidan perdón. Y si así lo hacemos, entonces el perdonar deja de ser un acto de gracia para quien nos hizo daño. El perdonar es un acto de gracia personal, para nosotros mismos. Al igual que el "Perdón", perdonar es un acto liberador personal. Al perdonar nos hacemos cargo de nosotros mismos, y decidimos poner termino a un proceso de resentimiento abierto que seguía reproduciendo el daño inicial.

Es interesante recordar que "Perdonar" y "Olvidar" son cosas distintas. El Olvido no es un acto declarativo: no vamos a olvidar por el sólo hecho de decirlo. En cambio, el perdón está a nuestro alcance y forma parte de nuestra voluntad.

Empecemos a perdonar sin esperar que nos pidan perdón; es un acto liberador enorme que nos permitirá encarar el mundo de otra forma.

"Me perdono" (soy víctima y victimario)

Y llegamos entonces al tercer tipo de perdón, el más íntimo de todos: el perdón a uno mismo. Muchas personas viven sin perdonarse acciones que tomaron en el pasado. Parecería que quieren perpetuar esa situación de víctima y victimario, como si existiera algún placer en mantener el remordimiento y la culpa hacia uno mismo.

Es paradójico, porque el "Me perdono" parecería ser el perdón más simple de dar y recibir: somos los únicos involucrados, es un ofrecimiento y una aceptación íntima del perdón. Y sin embargo, a muchas personas les resulta el tipo de perdón más dificil de aceptar.

Al no perdonarnos a nosotros mismos, parecería ser que por hacer algo irreparable debemos cargar con la culpa por el resto de nuestra vida. Es una interpretación que no deja lugar a pensar que en el pasado actuamos con situaciones e interpretaciones diferentes a las que tenemos hoy. Presuponemos que somos de una manera específica, y que jamás podremos cambiar.

El perdón a uno mismo tiene el mismo efecto liberador que el perdón a los demás. Decirnos "me perdono" es una manifestación de amor a uno mismo y a la vida.

Inspiración.

"Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana e intercambiamos las manzanas, entonces tanto tú como yo seguiremos teniendo una manzana cada uno. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea, e intercambiamos las ideas, entonces ambos tendremos dos ideas"

Bernard Shaw